Desde que empecé la aventura de la docencia consideré como algo de suma importancia el cultivar relaciones sanas con mis alumnos con la intención de conocerlos mejor y entender las causas probables de su rendimiento académico. Me considero un docente con excelente capacidad de empatía y digno de la confianza de mis alumnos. Como profesional de la psicología adquirí habilidades de observación y algunos intrumentos de análisis. Esto últimos no lo había empleado para identificar de forma más objetiva el autoconcepto y los tipos de relaciones subyacentes en la dinámica de mis grupos. Creo que conozco a los adolscentes, en general, y a muchos en particular. Pero sí fue resultó en una sorpresa el resultado del análisis de la herramienta del sociograma y del autoconcepto que apliqué hace unos días. Ambos instrumentos se aplicaron a la totalidad del grupo 4ºB. Las personas que resultaron más atractivas en el ámbito del trabajo fueron tres mujeres que se caracterizan por su dedicación, responsabilidad y constancia, aunque no son consideradas (ni por ellas mismas) como las de mayor aptitud. Existen otros dos grupos menores en los que sí influye más la capacidad de los que encabezan los mismos. No existe un grupo de amigos que sea sobresaliente, hay mucha dispersión en las preferencias de amistad, pues éstas son motivadas principalmente por la simpatía, la alegría, la diversión y el buen carácter de los preferidos.
Ahora bien, esta es la sorpesa: yo creía que era un grupo bastante unido y que se apoyaban indistintamente. Pero no, resultaron dos alumnos que yo no observé como rechazados y que en realidad lo son marcadamente. A uno de ellos se le rechaza por su apariencia, y al otro por sus actitudes de abuso. Son dos personas tan distintas en su comportamiento que no imaginé que fueran igualmente rechazados. ahora caigo en la cuenta de que sus conductas y actitudes reflejan la necesidad de atención que requieren todo el tiempo, y eso origina desatención a sus obligaciones y causa bajas notas en casi todas las materias.
Por ello, la utilidad de esta atividad estriba en que debo encontrar la manera de que esa variedad en las preferencias de amistad sea una característica que permita una desarrollo y aprendizaje más armónico entre los miembros del grupo, y, por supuesto, aplicar estrategias que permitan la integración de estos dos jóvenes por las razones correctas.
Finalmente, considero que la obsesión por cumplir cocn un programa resulta infructuosa cuando no hemos tomado el tiempo necesario para conocer a los miembros del grupo y sus relaciones. Si esto me pasó con un sólo grupo, ¿qué sorpresas me esperan en los demás?

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